Módulo · Proyectos
«¿Cómo va lo mío?»
contestado sin escribir.
La pregunta llega cada semana y siempre se responde a mano. Aquí el cliente abre un enlace y ve el avance, lo que sigue y para cuándo, sin pedírtelo y sin crear una cuenta.
Lo que decide qué ve
La columna, no la tarjeta.
Cada tablero nace con tres columnas visibles y una llamada Interno. Lo que caiga en la interna no sale nunca: ni la tarjeta, ni sus fechas, ni la conversación que tenga dentro.
Se decide una vez, al armar el tablero, y después el equipo escribe sin pensar en quién mira. Una casilla por tarjeta se habría olvidado el primer día ocupado — y el día que se olvida, el portal se ve vacío y parece que no se avanzó.
El avance se cuenta igual en los dos lados
El porcentaje sale solo de lo que el cliente puede ver. Tu equipo y él leen el mismo número, que es lo que evita la conversación incómoda.
El roadmap son las mismas tarjetas
Con sus fechas, dibujadas en línea de tiempo. No hay una lista de hitos aparte que se quede vieja mientras el tablero avanza.
El cliente comenta, tú respondes
Escribe desde el portal firmando con su nombre; le llega el aviso a quien lleva el proyecto y contesta desde la consola, en el mismo hilo.
Se abre y se cierra cuando quieras
Cerrar el portal corta el acceso sin borrar nada. Y si el enlace acabó donde no debía, se genera otro y el anterior muere en el acto.
De dónde cuelga
De la organización,
no del trato.
Un proyecto se abre contra la empresa a la que le entregas. Puede venir de un trato ganado —y entonces queda ligado— o de un correo de un cliente de hace dos años, que es la mitad de lo que se factura. Exigir un trato obligaría a inventar tratos falsos, y entonces el embudo mentiría.
Publicar es una decisión.
El enlace que verá alguien de fuera lo acuña una persona mirando lo que va a quedar expuesto. Un agente puede armar el tablero entero; abrir la puerta, no.